
QUE HERMOSO ES SER ÁRBOL
El ambiente se sentía sofocado, el aire acondicionado no era suficiente para asesinar con su gélido aliento al inclemente y recalcitrante calor, a pesar de estar a principios de otoño, entonces con precaución, casi con timidez, abrí lentamente la puerta y ¡GUARF! Un vaho de dragón me cacheteó el rostro, rauda y veloz la cerré y después de cavilar por brevísimos instantes, desistí de mi empeño de lanzarme a la búsqueda de una actividad fuera de casa que matara o al menos mitigara el aburrimiento que me consumía y poniéndome a la expectativa de mi misma y con forzada resignación, me recosté en el sillón de la sala y me sumí en la contemplación de un cuadro que cuelga en se mismo lugar hace más de quince años, es un paisaje maravilloso, los suaves contornos de las montañas se delinean bajo un atardecer pintado de rosa, amarillo y naranja.
Es un valle donde corre un pequeño río, en cuyo cauce hay tres árboles, cuyas ramas semejantes a brazos se extienden en un impulso amoroso de tocar y disfrutar de las límpidas y transparentes aguas que reflejan los colores más maravillosos que un árbol pudiera contemplar, si tuviera ojos, y pensé en un afán de pasar más agradablemente ese lapso de tiempo en el cual me dije a mi misma:
-¿Qué tal si te conviertes en parte de ese paisaje y describes las emociones y sensaciones que experimental al ser por ejemplo…¡UN ÁRBOL!?
¡GUAU!, UN ÁRBOL, Y pensé… ¿Qué árbol me gustaría ser? ¿Cuál árbol va con mi personalidad?
¡AH, YA SÉ! ¡UN SAUCE LLORÓN!
¡PUES NO, MIL VECES NO! Tampoco se trata de que sea tan obvia la identificación ¡QUÉ CARAY!
Entonces dije… Me voy a inventar mi propio árbol, a ver, a ver ¿Cómo es tu árbol?
El árbol que quisiera ser es: alto, majestuoso, con ramas fuertes y a la vez flexibles que se muevan con delicadeza al compás del viento, como queriendo mecer los nidos que por montones cuelgan de mis brazos.
Me convertí en ese árbol y sentí claramente correr la savia por mi tronco y hundí con confianza y amor mis raíces en aquella pródiga tierra, cubierta de pasto y flores multicolores en cuyas corolas revoloteaban miles de mariposas azules y blancas.
El aire era límpido y terso y a lo lejos se oía, como un fondo musical el intermitente canto de los grillos que viven bajo las piedras y el imperceptible ruido del agua.
Sentí que danzaba con aquella música que la naturaleza me regalaba, era una danza mágica, donde se involucraban mis hojas, ramas, nidos tronco, raíces, la savia corría con más energía por mis vasos capilares y la fotosíntesis se realizaba de manera perfecta. Y recordé, que antes de convertirme en árbol, veía con cierta compasión a los arbustos que no podían trasladarse a ningún lugar, atrapados, hartos de ver siempre lo mismo.
¡QUÉ MARAVILLA! Hoy que soy árbol, sé que estaba equivocada, es hermoso serlo y saber que formo parte de los pulmones de la tierra, que proporciono oxígeno a la humanidad, que le doy un hogar a miles de pájaros que hacen sus nidos en mis ramas, que regalo belleza a un paisaje, que desinteresadamente brindo sombra a un cansado caminante, que al pasar el aire por mis ramas, produzco una música de fondo que acompaña al trino de los pájaros y los rayos del sol se reflejan en cada hoja y por la mañana miles de gotas de rocío esperan ansiosas bajo mi abrigo, evaporarse y volver a su lugar de origen a continuar un ciclo de vida al que estoy unido.
¡QUÉ HERMOSO ES SER ÁRBOL! Nunca más compadeceré a ninguno, son obra de Dios y todo lo que Él hace es Perfecto.
Hoy amo más mis plantas. Qué experiencia más bella viví, mañana, mañana volveré a adentrarme en este bellísimo paisaje y me convertiré en … UN RÍO.
CONNILÚ
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