MUCHO MAS QUE UNA CAJA
DE
LÁPICES DE COLORES
Hace unos momentos llegué de hacer mis compras del mandado, dejé las bolsas sobre la mesa de las cocina y tomé un paquete con mucha ternura y lo apreté entre mis brazos.
¿Que tiene de particular este paquete?
Contiene la culminación de un anhelo de 30 años. Cierro mis ojos, aún abrazando mi tesoro y como cascada, los recuerdos acuden a mi memoria:
- Mamá, papá, en navidad quiero que Santa claus me traiga solo dos cosas, solamente dos cositas papi.
- A ver, vamos a ver, que es lo que quieres que Santa te traiga? Acaso una señorita Lili Ledy? ó una maquinita de coser? ó un juego de té?
- No papá, solo quiero un libro grueso, muy grueso de colorear, que no se acabe nunca y unos lápices de colores, de esos que pintan como sedita y se resbalan y no rayan, vienen en una caja roja, por favor papá, que en la carta a Santa quede claro que quiero un libro gruesototote y una caja con 24 colores, ¿Si papá? ¿ Me ayudas a escribir la carta y luego la llevas al correo, para que llegue a tiempo al Polo Norte?
- Vamos a ver mijita, yo creo que Santa si te va a traer tus regalos pues has sido una niña muy buena, pero recuerda que aun faltan dos semanas eh? Y Santa está vigilando...
Esperé con mucha ilusión ese día, mientras mis hermanas pedían muñequitas que hicieran pipí y hornitos para hacer pastelitos, yo fantaseaba con mi preciosa caja de colores, acomodados de tonos fuertes a los pasteles, poder utilizar el color dorado y plateado que en ese entonces eran la novedad, me soñaba creando tonalidades y dándole vida a Mimí con su vestido moteado de rojo o a Cenicienta con su pelo rubio y sus ojos azules o a Caperucita Roja en el bosque, combinando los diferentes tonos de verdes en los árboles; me imaginaba en pleno mediodía, en el silencio de mi cuarto, pues mis papás nos acostumbraron a dormir siesta; después de comer nos acostaban a mis hermanos y a mi a reposar la comida, yo en lugar de dormir, aprovechaba para ver cuentos de Archie, La Pequeña Lulú, Periquita, Lorenzo y Pepita y me encantaba colorear, así que las semanas que faltaban para navidad se me hacían eternas.
Llegó el día tan anhelado, a las 4 de la mañana me levanté sigilosamente, con cierto miedo que Santa estuviera aun en la sala y al verme despierta se enojara y desapareciera con mis regalos; para mi tranquilidad, encontré bajo el árbol de navidad una caja envuelta en papel navideño y un enorme moño color rojo, y un letrero que decía “Para Conny porque es una niña obediente y buena” temblando de emoción lo abrí... Efectivamente estaba una caja con 24 colores y un libro grueso de colorear, sin embargo no eran de los “que pintaban como sedita”, y el libro era de Bugs Bunny y en la mayoría de sus hojas solo podría utilizar el naranja de la zanahoria y el gris para el conejo.
Mi decepción fue enorme, ¿Cómo era posible que Santa se hubiera equivocado, si yo se lo había repetido muchas veces, si me había portado bien, si inclusive cuando lo vi en “El Nuevo Mundo” hasta me cerró un ojo? Algo dentro de mí quedó inconcluso, latente...
Hoy se que mis queridos padres deben haber recorrido tiendas para encontrarme el libro y los colores que me amanecieron, ellos no podían saber como eran exactamente los que yo quería pues las características yo se las había dicho a Santa. Reflexionando: ¿Cuántas veces no consigo lo que deseo por no comunicarme con claridad? Muchas. Hoy después de más de 30 años, tengo en mis manos esa caja de colores soñada y un precioso libro de ilustraciones de la sirenita, con su largo pelo y su cola donde puedo hacer gala de creatividad combinando visos a mi antojo, físicamente queda poco de aquella niña, pero en mi corazón, sigo amando los matices pasteles, al arco iris y me siguen fascinando los cuentos de hadas; aquel deseo tuvo que esperar años para hacerse realidad, y no es que antes no lo hubiera podido satisfacer, no, simplemente hasta hoy llegó el tiempo de su culminación, y esto me trae una maravillosa lección de vida.
Lo que es tuyo, llegará a tus manos, a tu existencia, a su debido tiempo, ni antes, ni después, cuando debe de ser; los sueños cuando se forjan en el alma tarde o temprano se da la ocasión de realizarlos, nunca es tarde, las coincidencias empiezan a darse y la vida se viste de gala y abre sus brazos para regalarte la oportunidad, dice un antiguo proverbio Árabe “Hay cuatro cosas en la vida que jamás regresan: la flecha disparada, la palabra pronunciada, la vivencia que se tuvo y la oportunidad desperdiciada” y si tienes los ojos de tu mente y corazón abiertos te darás cuenta de que tu y solo tu puedes alcanzar todo lo que te propongas, solo tu puedes aprovechar las oportunidades que se te presenten, por eso hoy mi yo adulta le hace un regalo a la niña interior que vive en mí, y ésta, la recompensa con una maravillosa certeza: Alcanzaré todos mis sueños porque voy en pos de ellos.
Hoy se, que cuando me sienta desanimada o impaciente porque pretenda que algo suceda en el tiempo que yo quiera, estará mi caja de colores acomodados de tonos fuertes a pasteles y mi libro de colorear recordándome que lo que es para mí, tarde o temprano... llegará.
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